¡Ay, el amor! Tanta energía gastada en la búsqueda de una pareja con la cual reproducirse, para que luego las probabilidades de éxito sean casi nulas. Y me pregunto yo: ¿este es el único camino? ¿Y los otros seres? ¿Y los perritos? ¿Acaso ellos no se aman? Ellos sólo necesitan olerse el culo para quedar prendados del otro; en cambio nosotros estamos más limitados, no tenemos la libertad de ir olisqueando traseros, no podemos hacer prácticas con peluches sin que nos observen de forma extraña. Nos sentimos obligados a escribir cartas o mandar sms´s al 343 con la palabra “poema” para encandilar a otro ser humano. Eso está mal, muy mal diseñado.
Creo que no hace falta decir que la mujer a la que dediqué mi “silencio” no me hace ni puto caso. Tras varios días viéndola, hablando con ella y esperando una reacción positiva, he acumulado tantos “silencios” que ya no sé cómo imaginármela en mi utópico futuro. De hecho creo que no me hace caso ni siquiera cuando la imagino conmigo. Y eso es triste.
Dicen que el amor más hermoso es el que está por llegar, aquel que no culmina pero que está lleno de inocencia, de expectativas, de ilusión…¡Y una mierda!. Lo digo desde aquí. ¿Que pueda llegar a pensarlo más adelante? No te digo yo que no. Que para eso pasa el tiempo, para cambiar de opinión de todo. Pero ahora, lo que es ahora, ¡ Y una mierda!. Estoy enfadado y pienso expulsar como sea todo este cúmulo de envenenadas hormonas que me están intoxicando.

Haciendo uso del oráculo de la sabiduría eterna, google, busqué todo lo relacionado con el amor en las creencias orientales. Ya que casi me consideraba como un “ser medio iluminado”, el camino hacia el amor no podría ser otro. Encontré varias cosas de las que podría echar mano más adelante, salvo un texto. En éste se describía la felación como método de absorción de energía vital, acto practicado por mujeres taoístas desde tiempos inmemoriales. En esto me declaro objetor de conciencia. Avisados quedáis.
Era viernes. El día perfecto para liberarme de algunas frustraciones saliendo por ahí. Hice cinco llamadas cuidadosamente seleccionadas, dos de ellas sin éxito, y conseguí quedar con unos amigos en un bar al que solemos ir habitualmente.
Llegué a la cita puntualmente y con ganas de comerme el mundo. Esperando en la puerta del local me fijé discretamente en todas las chicas que entraban con el fin de prefijar objetivos. Las expectativas eran muchas y el tiempo, escaso. Pero necesitaba apoyo logístico. Requería de otros machos dentro de mi grupo que fueran descaradamente más feos que yo para que resultara efectivo el agravio comparativo. Desgraciadamente el destino quiso devolverme mi deshonrosa jugada con la ausencia de todos ellos. Permanecí parado como idiota en la puerta del bar durante más de una hora, acusado permanentemente por la mirada del portero que seguramente pensó que era alguna especie de camello en busca de quinceañeros. Les llamé por teléfono con preocupación y me saturaron el oído con excusas, a lo que respondí con insultos que bien me podrían llevar a la cárcel. A ver qué se creen estos.
Me había imaginado demasiadas cosas sucias como para irme vencido para casa, así que me subí un poco el pantalón forzando el apretón del paquete, me coloqué bien el cuello de la camisa (que por alguna extraña razón siempre se dobla hacia adentro) y entré en el bar acompañado de un Bisbal que lloraba sus penas cada vez más alto.
2 comentarios:
Eres el Puto Amo!
Me encanta tu visión del mundo y de la histeria colectiva que lo recorre, me encanta como dibujas aquí tu realidad para los (quieras o no) acérrimos lectores que ya tienes, me encanta tu familia y cómo te tomas las cosas con filosofía (que remedio...) pero sobre todo me encantaría que siguieras escribiendo, egoístamente, porque me haces sonreir.
Un abrazo y hasta pronto, campeón.
¿Alguien sabe como apuntarse al club de amigos de las tigresas blancas? ¡que voy sobrao de energia¡¡
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